En la calle Barbieri, cerca del metro de Gran Vía, está este restaurante de comida árabe que os recomiendo entusiastamente.

La crema de berenjenas para untar en pan está deliciosa así como las zanahorias confitadas con comino. Los segundos, prefiero el cuscus al tayín pero eso ya son gustos personales. En particular, el de pollo con cebolla y pasas y el vegetal. Los postres, bueno, en mi permanente estado de
dietismo (mujer a dieta busca restaurante sin tentaciones ...) no los he probado pero por referencias os puedo decir que los pastelitos de hojaldre están buenísimos y que si no sois amantes apasionados del dulce, elijais el de pistachos antes que el de almendra. Para aligerar, té verde con hierbabuena.
Además de los sabores cálidos y especiados, el precio es otro de los puntos fuertes de este restaurante. Pueden comer tranquilamente dos personas por cerca de 30 euros entre los dos. La comida es bastante abundante y el servicio atento sin atosigar. Eso sí, reservad porque si vais el fin de semana sin reservar no encontrareis mesa ni llegando a primera hora. Como curiosidad, os recomiendo escoger la primera vez la zona de suelo que es una experiencia curiosa y divertida previo curso de contorsionismo.