domingo, julio 12, 2009

Barbie patinadora

Por amor se hacen muchas tonterias y una de las mías es que estoy aprendiendo a patinar. No aprendí cuando tenía 8 años y me emperré en unas botas de patinaje de esas monísimas blancas que llevaban las niñas de la época, creo que mi madre las llevó a la parroquia la última limpieza del garage. Pero ahora sí que sí, cuestión de orgullo o de amor o de lo que sea, allá voy , pertrechada con mis protecciones en las manos, las rodillas y los codos estoy tan propia que sólo me falta el casco de la Barbie para rematar el conjunto. Wendolin patinadora con los brazos abiertos que parece que voy a salir volando. Ay, llevo tres días y ya me voy sola como diría de su bebé entusiasmada cualquier madre reciente. Mi problema es el mismo que cuando aprendí a caminar : que no sé frenar. Y es un problema gordo, la verdad, porque cuando intento frenar es cuando desplazo el peso de delante hacia atrás y, plas, al suelo de culo. ¿Para cuándo unas protecciones traseras? ¡Que ya tengo el coxis asustado de tanto golpe!

De momento estoy yendo a una pista que hay en el Juan Carlos I, pero se aceptan sugerencias de sitios despoblados donde no me pueda llevar a nadie por delante. También he pensado en ponerme unas campanillas para avisar a los viandantes...

jueves, julio 09, 2009

Al-Jaima, Cocina del Desierto

En la calle Barbieri, cerca del metro de Gran Vía, está este restaurante de comida árabe que os recomiendo entusiastamente.

La crema de berenjenas para untar en pan está deliciosa así como las zanahorias confitadas con comino. Los segundos, prefiero el cuscus al tayín pero eso ya son gustos personales. En particular, el de pollo con cebolla y pasas y el vegetal. Los postres, bueno, en mi permanente estado de dietismo (mujer a dieta busca restaurante sin tentaciones ...) no los he probado pero por referencias os puedo decir que los pastelitos de hojaldre están buenísimos y que si no sois amantes apasionados del dulce, elijais el de pistachos antes que el de almendra. Para aligerar, té verde con hierbabuena.

Además de los sabores cálidos y especiados, el precio es otro de los puntos fuertes de este restaurante. Pueden comer tranquilamente dos personas por cerca de 30 euros entre los dos. La comida es bastante abundante y el servicio atento sin atosigar. Eso sí, reservad porque si vais el fin de semana sin reservar no encontrareis mesa ni llegando a primera hora. Como curiosidad, os recomiendo escoger la primera vez la zona de suelo que es una experiencia curiosa y divertida previo curso de contorsionismo.

lunes, julio 06, 2009

Grietas


Hay días que se me resquebraja la máscara en el momento más inoportuno y, cuando llego a casa, sólo me queda mirame al espejo y decírle a la que me mira , a mí si me importa.

lunes, junio 22, 2009

Prescindible



Tengo miedo de que un día decidas soplar y la mujer de humo se deshilache ante tus ojos como si nunca hubiera existido

jueves, junio 18, 2009

Me ahogo a medianoche

A veces, el silencio se hace afixiante. Te sujeta la garganta, te atraganta, te bloquea. Todo queda dentro, todo el dolor, toda la preocupación, todo el sufrimiento. Todo se queda dentro y se pudre. Te dejan un sabor amargo en la boca las palabras descompuestas que deberías haber dicho y nunca dijiste. Te desbordan los ojos las quejas muertas y yermas que almacenas en algún hueco de los senos, cerca del pómulo. Tanta contención, todo tan correcto, todo tan mentira. Porque duele, claro que duele, pero el dolor también se queda dentro bloqueado por ese silencio denso y relleno. Silencio no carente, no ausente. Silencio doloroso. Silencio mentiroso. En el fondo, hay un grito desesperado bloqueado a la altura del hueco del segundo anillo traqueal a modo de traqueostomía inversa. Si dejar salir las dudas, insuflando hollín en los pulmones. Afixiando. Silenciando. Acallando.