viernes, septiembre 10, 2010

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Tengo una hiedra que me sube por el cuello, se me enreda tras la oreja. Sube y se me cuela entre las raíces del pelo buscando un anclaje nuevo. Se pasea por mi nariz subiendo a la frente. Tengo media máscara de hiedra que me aprieta y se mueve, que me recorre la parte izquierda y me afixia. Noto como se mueve como si fuera un batallón de hormigas avanzando por mi cara con sus patitas de hierro candente. Me duele el fondo del ojo por dentro de las aletas de la nariz. Tengo un aguja que me atraviesa el pómulo hacia la mandíbula y creo que empiezo a notar dos más paralelas a la nariz camino del philtrum. Me duele, si sigue apretando me va a fundir la cara con el occipital. Me miro al espejo del baño esperando verme convertida en un híbrido planta-humano pero al encender la luz, el destello me taladra de parte a parte. Delante del espejo, me busco y lo que me encuentro es una migraña y una esquirla en el corazón.

jueves, septiembre 09, 2010

Tengo una queja para usted

La legitimidad en las quejas hay que dejarla a un lado y, muchas veces, hay que entender una queja no como la expresión en mode repeat de un quejica compulsivo sino como el ejercicio del último recurso, la carta comodín : el derecho al pataleo. Muchas veces elegimos conscientemente dónde nos metemos y muchos cuando te quejas de ello piensan tan alto que se les dibuja en la cara un si no sabes torear pa' que te metes, Manolete pero yo reivindico mi derecho a quejarme y a patalear por situaciones donde me he metido yo solita y sabiendo en lo que me metía. Mi derecho al pataleo es lo último que me queda cuando no quiero o no puedo solucionar una situación. Hablando en plata, me quejo porque alguna vez me tiene que tocar no ser el receptor de las quejas de los demás y quejarme aunque sea de cosas que a los demás les resulten nimias. Me quejo hoy porque estoy harta de que se reste importancia a las cosas de las que me quejo pero tengo que darle toda a las de los demás. Me quejo de tener que comprender y de que no me comprendan. Me quejo básicamente porque me da la gana y porque tengo boca. Estoy harta de frases que empiezan por entiende. Estoy harta de entender. Y me quejo de que no me dejen quejarme a gusto.

miércoles, julio 07, 2010

Be dumb as a jug

Suena mejor en inglés. Eres tonto como un botijo, así de llano y así de simple. No sé en qué idioma hablo que parece que no me entiendes y me miras con cara de estar oyendo algún tipo de hilo musical mental mientras intento explicarte que estás equivocado. Cuando por fin termino la perorata para sacarte de tu error, busco confirmación de vida inteligente tras tus ojillos vidriosos y distraídos. Con estupor recibo la misma frase letra por letra que desencadenó mi discurso. Debes tener el cerebro embotijado. Fresco y resguardado del calor en algún sitio inaccesible para mí. Y vuelta a empezar. Me siento como un hámster en una rueda infinita, y vuelta la burra al trigo. Supongo que cortas la conexión en el mismo punto cada vez porque yo juraría que cuando empecé a hablar había vida inteligente ahí dentro. Creo que es a los 5 minutos, cuando ves que no te voy a decir lo que quieres oír, que no te voy a dar la razón. Plaf, se volvieron a ir los plomos y tu centralita mental te pone en espera. ¿Qué sonará? ¿El Guantanamera como cuando era yo la chica del teléfono? Échate un baile al menos, anda, y dame una pista ...


jueves, junio 17, 2010

Juércoles

Las chicas tristes vuelven a ser tendencia esta primavera-verano. Vuelven a estar de moda. Son las preferidas de los acordeonistas sabineros del metro y de los camareros de repuesto, vuelven a beberse los bares entre semana. Vuelven las chicas tristes con carrerilla desde el fondo de armario al que estaban relegadas. Vuelven a tener sentido, ganas y fuerzas. Vuelven, ya están aquí y se beben la noche para no pensar en esa cama fría a la que tienen que volver. No quieren pensar, solo seguir hacia delante y rebasar la carrera a la semana por medio cuerpo de ventaja y varios litros de vodka. Llegar a la meta del fin de semana con el alma intacta, las ojeras tatuadas y el cerebro anestesiado. Esperando a que las esperen, huyendo de sí mismas adentrándose en la noche.

miércoles, mayo 05, 2010

Tras la persina metálica

En el barrio al que voy a darle clase al Pequeño Tirano hay sitios mucho más peculiares de lo que pueda parecer a simple vista. Ese barrio tan respetable que hasta el DIA te lleva la compra a casa y sus cajeras sonríen esconde más de uno y más de dos secretos. Esconde un mini club de bridge que sólo se deja ver sobre las 6 de la tarde tras levantar una cancela de las de tipo frutero que hacen ese ruido espantoso de rozar de metales que no encajan bien. Llega una riada de señoras de bien, todas con su pareja, sus perlas, su tinte Loreal Recital Preference 7.1 rubio ceniza y sus bolsos Kelly. Señoras que se merecerían un grupo de Facebook del tipo Señoras que juegan al bridge en un local cladestino y beben ginebra wet . Me quedo en la esquina de la frutería viéndolas entrar. Me pregunto qué contraseña sería la apropiada a un club así. Pienso en mi abuela y me vienen a la cabeza "cocreta", "almóndigas" o "muñuelos". Cualquiera me vale. Me río mientras enfilo hacia la casa del tiranito. Y llego al segundo lugar peculiar de este barrio acomodado y formal, otro lugar con persiana metálica que solo abre de cuando en cuando. Sin escaparate, ni estridencias. Un ventanal con un cortinón y una puerta anodina. Un cartelito con un nombre inglés en la columna de la derecha. Buscando y rebuscando descubro que al parecer es un local de organización de eventos, fiestas o actos de prensa. Claro, de ahí algún día que he salido tarde y he visto una luz azulada tras el cortinón y gente muy peculiar entrando por la puerta. Vaya, y yo que pensaba que era un local de esos swinger en los que intercambiar a la parienta como si fuera un cromo de los Pokemon. Según la web, lo mismo te hacen un evento-igloo como recrean una sala de las Mil y Una Noches. La luz azul debía ser la fiesta-igloo. Y después de estos sitios escondidos en el barrio tradicional, antes de enfrentarme a los leones, siempre me paso a ver a Blas. ¿Quien puede jugarse la vida y la cordura sin la mejor tarta de queso del mundo? O las magdalenas, las napolitanas de chocolate, la tarta de manzana, la tarta de quajada,... mmmm... qué rico.