viernes, abril 09, 2010

Ignorancia

Siempre he sido muy consciente de mi propia ignorancia y es un hecho que no me ha frustrado nunca demasiado. He sido consciente desde que tengo uso de razón que hay cosas que no sé, cosas que nunca sabré y cosas que ni siquiera me apetece saber. No sé. Y tampoco se resquebraja el techo de mi casa por ello. Puede gustarme más o menos, puedo querer aprender algo que no sepa cuando soy consciente que no lo sé y o incluso puedo pasar palabra pero no lo llevo mal, no me quita el sueño. Sin embargo, he visto estos días un par de ejemplos de personas que no lo llevan nada bien. Cuando alguien les muestra algo que no conocen o algo que no entienden, se frustran y se cabrean. Se les pone la cara roja como de ira, abren mucho los ojos como esos niños pequeños a los que les pillas a punto de meter la mano a la caja de las galletas que 5 minutos antes les has prohibido abrir. Parece que hasta les falta el aire y reaccionan de forma agresiva y a la vez despectiva. Si no lo conocen es que no es importante, si no lo han entendido es que eres tú el que no sabes explicarlo. Y yo les miro con mi mayor cara de asombro, ladeo la cabeza, que es algo que hago siempre que no entiendo algo que está ocurriendo, y me pregunto qué hay de malo en no saber y reconocerlo. Mejor preguntar y quedar como un tonto que no hacerlo y seguir siéndolo es lo que siempre he creído o, como mi madre diría, más vale una vez colorá que ciento amarilla. No sé, debe estar equivocada y la ignorancia es algún tipo de pecado capital que desconocía por el que irás al infierno a releer por toda la eternidad una pila infinita de cuadernos Rubio y cartillas Micho. O peor, te condenan a escribir el Quijote con letras de esas en bloques de madera o a aporrear ad infinitum un juguete de aquellos con animales que hacían ruidos y descubrías el nombre. No sé. Iré preparándome el baby a cuadros de la guarde, que dudo que me quepa aunque siempre fui una niña grandulona. Y la bolsa del bocata, esas con el nombre bordado. Mientras, me voy al recreo, que otros ya se quedan ellos solitos castigados de cara a la pared.

1 comentarios:

LomoNegro dijo...

Los casos que conozco son de personas que no admitirán nunca haber cometido errores.