La legitimidad en las quejas hay que dejarla a un lado y, muchas veces, hay que entender una queja no como la expresión en mode repeat de un quejica compulsivo sino como el ejercicio del último recurso, la carta comodín : el derecho al pataleo. Muchas veces elegimos conscientemente dónde nos metemos y muchos cuando te quejas de ello piensan tan alto que se les dibuja en la cara un si no sabes torear pa' que te metes, Manolete pero yo reivindico mi derecho a quejarme y a patalear por situaciones donde me he metido yo solita y sabiendo en lo que me metía. Mi derecho al pataleo es lo último que me queda cuando no quiero o no puedo solucionar una situación. Hablando en plata, me quejo porque alguna vez me tiene que tocar no ser el receptor de las quejas de los demás y quejarme aunque sea de cosas que a los demás les resulten nimias. Me quejo hoy porque estoy harta de que se reste importancia a las cosas de las que me quejo pero tengo que darle toda a las de los demás. Me quejo de tener que comprender y de que no me comprendan. Me quejo básicamente porque me da la gana y porque tengo boca. Estoy harta de frases que empiezan por entiende. Estoy harta de entender. Y me quejo de que no me dejen quejarme a gusto.
jueves, septiembre 09, 2010
Tengo una queja para usted
Desde Kikel... Lady K a las 08:06
Etiquetas: Cuando las hojas caen ..., Pensando en voz alta
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2 comentarios:
Pues yo estoy aburrido de quejarme...
Me sumo, con todas las ganas del mundo, y también pataleo! faltaría más!
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